10 may 2013

Becerreá se imputa por un vecino



A los 22 denunciados por la Xunta por impedir el derribo de una casa se sumaron otras 26 autoinculpaciones, entre ellas la del párroco.

El municipio lucense de Becerreá ha hecho de la solidaridad su bandera y la está materializando en forma de imputaciones. La Axencia de Protección da Legalidade Urbanística (APLU) denunció a 22 vecinos por impedir el derribo de una vivienda sin licencia en Lamas, lo que derivó en la imputación de todos ellos por un delito «sen determinar». La respuesta del pueblo no se ha hecho esperar. El viernes presentaron 24 escritos de autoinculpación otros tantos vecinos pidiendo ser citados a declarar como imputados y el fin de semana recibieron las notificaciones citándolos para ayer. Entre ellos están el teniente de alcalde, el socialista Claudio Vázquez, y el portavoz del BNG, Ovidio Montaña.

El lunes, otras dos personas presentaban sendas autoinculpaciones, entre ellos, el párroco, Ángel Castro, de 73 años, que aún no ha sido llamado a declarar. Se espera que en los próximos días se presenten más escritos en el juzgado y, teniendo en cuenta que el municipio ronda los 3.000 habitantes, da buena muestra de la unión del pueblo para ayudar a un paisano.

Los imputados y autoinculpados explican que fueron más de cien personas las que participaron en las concentraciones de apoyo a José Luis Díaz, dueño de la casa afectada, que se puede legalizar con el PXOM y que nadie de la Xunta les mostró la orden judicial para tirar la casa.

Un sacerdote «heroico»

El cura incluso dejó que los vecinos dispusiesen de la iglesia para tocar las campanas en señal de alerta en caso de que llegasen las máquinas o las fuerzas del orden: «Esta é a casa de todos, sempre que non sexa para algo malo está á súa disposición». La actitud del sacerdote lo ha convertido en una especie de «héroe». El párroco agradece el cariño del pueblo, pero resta importancia a su acción: «Autoinculpeime porque é xusto que me solidarice co pobo. Non quero facer alarde nin pecar de soberbia, pero sería covarde non presentar o escrito». Dice que apoyó a al afectado «para defender a casa dun veciño, independentemente de que sexa ilegal, iso non me compete a min determinalo [...]. Nos días que estiven alí non creo que se cometese ningún delito, non puxemos oposición a ninguén». Al preguntarle si teme que le imputen, responde: «Non entendo de leis, pero, ¿medo? Non. ¿Que me pode pasar? ¿Unha sanción? Se iso serve para facer algo por un veciño, bendito sexa Deus».

9 may 2013

El niño que le quitó la sed a medio millón de africanos



Ryan Hreljac, Canadá (3/5/1991) tenía sólo 6 años cuando decidió poner en orden su pequeño mundo. Si él podía disponer de agua potable abriendo un pequeño grifo ¿Por qué al otro lado del planeta no podían hacer lo mismo?. Con esta lógica aplastante, modelo y ejemplo fagocitador de otros proyectos considerados adultos, nació de sus manos “Ryan’s Well”, la empresa más fascinante que un niño de su edad haya emprendido jamás. Fue tal el empeño que hoy, con tan sólo 17, preside una de las mayores ONG para la implantación de modelos de desarrollo en la crisis de agua. Desde entonces y hasta ahora ha dado servicio de agua potable a 577,640 personas.

Lo que convierte esta entrañable historia en un ejemplo para nuestro legado heroico es la precocidad, el empeño y la perseverancia de un niño de tan sólo 6 años por imponer sus ‘crudas’ convicciones. El magnetismo de sus acciones ha contagiado a miles de empresas y personas mayores que él, tal vez humilladas en la comparación objetiva. Todo ello ha permitido, a través de lo que Ryan describe como el “Ripple Effect” (efecto Onda); que el sueño de un niño por tener “Agua potable para todos” se convierta, poco a poco en realidad.

No se trata de la típica campaña publicitaria orquestada bajo manta de alguna sociedad católica pro-vida. Es, simplemente, el recuerdo adulto de la lección infante que nos enseño en su día el mismísimo Saint-Exupéry a manos de su “Principito”.

La historia.

Un día del inolvidable invierno de 1998, en Kemptville (Ontario) localidad natal de Ryan, la profesora del Colegio St. Michael, Mrs Nancy Prest estaba dando una pequeña charla a su clase de primer grado sobre las condiciones y salubridad de los estudiantes de su misma edad que vivían en África. Preguntó a sus alumnos si sabían cual era la primera causa de muerte entre sus homónimos los africanos. Todos los niños convencidos de que era la escasez de alimentos se sorprendieron al saber que es la mala calidad del agua que beben lo que diezma las aulas de sus ‘antípodos‘.

Ryan Hreljac quedó muy extrañado por la falta de ‘agua limpia’ y preguntó a Nancy cuanto costaba un grifo en África. Mrs Prest, desconcertada, anticipó a Ryan una cifra que había leído en algún documento: 70 dólares por una bomba extractora. Ese mismo día al llegar a casa, Ryan, que todavía estaba aprendiendo a conocer el valor monetario de las cosas; pidió a su madre el dinero para comprar un grifo y enviarlo por correo.

Susan, la primera persona que padeció el ‘Ripple Effect’, ignoró entre la burla y el desconcierto las inquietudes de su hijo. Pero Ryan insistió durante toda la semana sobre el dinero e incluso le propuso hacer las tareas domésticas durante todo un año para ganarse la posibilidad de decidir qué hacer con un primer sueldo.

“No lo entiendes mamá”, dijo, con lágrimas llenando sus ojos. “Los niños están muriendo simplemente por no tener agua limpia!”

Su madre, aceptó el reto, a sabiendas de la escasez de constancia en un niño de su edad . Ryan aspiró, limpió las ventanas y con mucha determinación, trabajó pacientemente y ahorró cada moneda dentro de una lata vieja de galletas. Su madre, cómplice del juego que no del propósito, le anticipaba las monedas ganadas en tarea. Sus dos hermanos se implicaron en el proyecto pero pronto claudicaron ante tanta bendita tozudez. Ryan hizo todas las tareas que le permitía su corta estatura desde enero de 1998 hasta finales de abril.

Susan acompañó entonces a su hijo a la oficina de la Watercan para entregar sus ahorros. La directora ejecutiva Nicole Bosley explicó al encorbatado niño que con 70 dólares solamente se puede adquirir una bomba de mano. Para perforar un pozo se necesitarían unos 2.000. A lo que Ryan contestó:

¿Tendré que hacer más quehaceres entonces?

Nicole Bosley, nuestra segunda cautiva del ‘Ripple Effect’, convenció a sus superiores y a la Agencia de Desarrollo Internacional de Canadá para pagar la factura del pozo a medias con Ryan. Lo que dejaba la cifra en 700 dólares de ‘trabajos forzados’ en el hogar de los Hreljac. Una familia de clase media-baja con recursos económicos limitados.

Inmediatamente la onda del ‘Ripple Effect’ se propagó por la comunidad y vecindad de Ryan quien no tardó en recolectar el dinero suficiente para la inversión de su primer pozo. La Watercan concedió entonces una entrevista a Ryan con Gizaw Shibru, el director para Uganda de todos sus programas de acción. Ambos eligieron la escuela de Angolo en Otwal como el destino del pozo, una localidad al norte del país azotada por el SIDA y la sequía donde 1 de cada 5 niños moría antes de cumplir la edad de Ryan.

Pero la ambición de Ryan no quedó a expensas de las voluntades adultas. Cuando se enteró que los pozos se perforaban a mano transformó su renovada obsesión en una nueva onda cautivadora en busca de los 25.000 dólares que costaba un taladro móvil. Su madre atrapada entre el orgullo y la devoción consiguió una entrevista a través de su amigo periodista Puddicombe Derek para el periódico ‘Ottawa Citizen‘ que desembocó en un documental para la TV y la llegada de cheques y donaciones desde todos los puntos del país.

Mientras, en su clase, la profesora Nancy inició un intercambio de cartas con los alumnos de la escuela de Uganda:

…Querido Ryan, me llamo Akana Jimmy. Tengo 8 años. Me gusta el fútbol. Nuestra casa está hecha de hierba. ¿Como son en los EEUU? Tu amigo, Akana Jimmy.

Ryan contestó con:

…Querido Jimmy, Debe ser fantástico tener una casa hecha de hierba. Tengo 8 años. ¿Bebes agua de mi pozo todos los días? ¿Cuál es tu materia preferida en la escuela? Iré a Uganda cuando tenga 12 años. Mi casa está hecha de ladrillos[...] Escríbeme pronto. Tu amigo Ryan.

La carta adjuntaba una fotografía de Jimmy. Un estudiante con una historia también cautivadora que había logrado escapar de las garras del Ejército de Resistencia del Señor o LRA. Durante semanas Ryan adoptó como suya la imagen de su nuevo amigo. ¿Podría reunirme con él? se preguntaba. Susan y su marido pensaron que quizás, algún día, podría permitirse un viaje. Tal vez cuando Ryan cumpliera los 12. Pero Ryan no podría esperar tanto. Pronto, el efecto rebote de la siguiente onda atrajo a un adinerado ejecutivo del barrio que donó a los Hreljac su tarjeta de puntos aéreos, recolectados en sus infinitos viajes, lo que permitió a Ryan viajar a conocer a su nueva alma gemela.

En el mes de julio de 2000 Ryan llegó a la ciudad de Otwal acompañado de sus padres. 5.000 niños le esperaban coreando su nombre.

“¡Saben mi nombre!!”, dijo asombrado. “Todos los que viven a 100 kilómetros saben tu nombre, Ryan” dijo Gizaw Shibru.

Al final del pasillo humano le esperaba su amigo Jimmy. Éste agarró de la mano a Ryan y se lo llevó a ’su’ pozo para que pudiera cortar la cinta.

Inauguraba entonces el primero de los 432 pozos que a través de 15 países (fundamentalmente en África) ha perforado con las inversiones de su Fundación.

8 may 2013

La lagartija



Las casas de los japoneses tienen, normalmente, un espacio hueco entre las paredes de madera.
Mientras esta persona echaba abajo los muros de su casa, se dio cuenta de que allí había una lagartija inmóvil, porque un clavo, desde fuera, le había atravesado una de sus patitas y la había hecho permanecer fija en la pared.
El dueño de la casa, viendo esto, sintió, al mismo tiempo, piedad y curiosidad. Cuando estudió el clavo, quedó pensativo... El clavo había sido clavado hacía diez años, cuando la casa fue construida.
¿Qué habría ocurrido entonces?
¡La lagartija había sobrevivido en esa posición durante diez años! ¡En un oscuro muro en esa posición durante diez años sin moverse! ¡Es imposible, inimaginable!
Entonces, aquella persona se preguntó cómo esta lagartija habría podido sobrevivir durante diez años sin dar un solo paso ¡si desde entonces su patita estaba clavada allí!
Así que, paró de trabajar y observó a la lagartija, preguntándose qué podría haber hecho, y cómo ella habría conseguido alimentarse.
Más tarde, sin saber de dónde venía, apareció otra lagartija, con alimento en su boca.
Ahhh!! Quedó aturdido y emocionado al mismo tiempo. ¡Otra lagartija había estado alimentando durante diez años a la lagartija que permanecía clavada en la pared...! ¡Tanto amor, un amor tan precioso!.....Tanto amor ha tenido esta pequeña criatura...
¿Qué no puede lograr el amor?... ¡Puede hacer maravillas!... ¡El amor puede hacer milagros!
En ese mismo instante, cayó en la cuenta; una lagartija fue alimentada por otra, incansablemente, durante diez largos años, sin perder la esperanza en su compañera.
Si una criatura tan pequeña como una lagartija puede amar así...Imaginad cómo podemos nosotros amar si lo intentamos!! 

3 may 2013

El chaval que luchó por un libro y viajó a las estrellas



Esta es la historia de Ronald Ervin McNair, un joven afroamericano nacido en la pequeña localidad estadounidense de Lake City a mediados del siglo pasado.

En el estado de Carolina del Sur, donde las luchas raciales habían sido más que destacables, aún existía una fuerte segregación de la que no saldría hasta bien entrada la década de los ’70. Aseos para blancos, asientos en el transporte público para blancos, bares con derecho de admisión reservado… escuelas, tiendas, establecimientos… las estampas de aquella época seguro que son bien conocidas por los lectores de este blog.

No estoy seguro del conocimiento exacto que un chaval de 9 años podría tener de la tensa situación que se vivía en Carolina del Sur en aquella época. Lo que sí está claro es que en 1959, Ronald McNair, sabiéndolo o no, se disponía a hacer frente al sistema establecido a cambio de un par de libros.

Un día, sin que su madre ni su hermano supieran nada, el joven Ron salió de su casa y recorrió el trecho que le separaba de la Biblioteca Pública en el centro de Lake City. Al llegar, tras andar varias manzanas, le esperaba un cartel colgado en la pared en el que se podía leer: “Library not for coloreds”.

Sin darle importancia a la advertencia, Ron entró en la biblioteca y se paseó durante algunos minutos por las estanterías, ante las miradas de desaprobación de muchos de los usuarios blancos de aquel lugar.

Tras haberse decidido por un par de libros, Ronald se dirigió hacia la mesa de la bibliotecaria y, tras hacer la pertinente cola, se dispuso a retirar los ejemplares. La respuesta negativa de la funcionaria no descolocó lo más mínimo a aquel jovenzuelo descarado que, tras colocarse las gafotas y aferrarse al escritorio, se empeñó en que él también tenía derecho a que le prestasen aquellos libros.

- Pues voy a tener que llamar a la Policía –amenazó la bibliotecaria–

- Pues… llame a la policía, esperaré –respondió el chiquillo–

A la llegada de los agentes la pregunta fue evidente:

- ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Quién es el alborotador?

Imagino que tuvieron que bajar bastante la vista para poder encontrar al responsable de aquel lío… un chavalín de color de 9 años que apenas levantaría unos palmos del suelo y que agarraba con fuerza un par de libros.

En la discusión, la bibliotecaria terminó telefoneando a la madre de Ron para ver si podía llevarse de vuelta a casa a aquel pequeño revolucionario. El cuadro que se debió de encontrar la señora McNair cuando llegó a la Biblioteca tuvo que ser interesante… Allí estaba su pequeño Ron, en un lugar sólo para blancos, rodeado por un par de corpulentos policías, y empeñado en que no se iba hasta que le prestaran los libros.


Finalmente, la cordura apareció en forma de salomónica (y lógica) cuestión por parte de uno de los policías:

- ¿Y por qué no dejamos simplemente que el chaval se lleve los libros?

Estas serían las primeras de otras muchas, muchas lecturas que le llevaron desde la física hasta las fascinantes historias de ciencia ficción de los años 70. Como muchos otros jóvenes de la época, Ron se sintió atrapado por las aventuras estelares de Star Trek. En aquellos episodios podía dejar atrás todos los sinsabores de la segregación racial en Carolina del Sur y encontrar un futuro en el que hasta alguien de color (la oficial de comunicaciones Uhura) podía surcar el Universo a bordo del Enterprise.

Ronald E. McNair terminó estudiando Física en la North Carolina A&T State University, donde se graduó en 1971. De allí, al célebre MIT donde se doctoró en 1976.

Aun así, parecía ciertamente imposible que un joven físico negro y sin experiencia alguna en vuelo pudiera alcanzar su sueño de ser astronauta… pero ocurrió. La perseverancia que Ron mostró desde niño hizo que en 1979 y tras un año de duro entrenamiento, fuera seleccionado por la NASA para futuras expediciones en el transbordador espacial.

Su primera misión (STS-41B) le convirtió en el segundo afroamericano en salir al espacio. McNair realizó con éxito las tareas que le encomendaron entre las que se encontraban operar un nuevo brazo robótico y diversos experimentos científicos.

Las cosas parecían marchar bien para Ronald en la NASA cuando un par de años después, fue seleccionado como especialista de la fatídica misión STS-51L… la misión que a la postre significaría el último vuelo del Challenger. El 28 de enero de 1986, y tras 73 segundos desde el despegue, el transbordador estallaba ante la mirada atónita de millones de telespectadores. Era la tragedia más impactante de la Historia de la agencia aeroespacial norteamericana y en ella fallecía Ronald junto a sus 6 acompañantes de vuelo.

Numerosas webs están recordando durante estos días el aniversario del triste accidente del Challenger, una fecha que dejó paralizada la conquista espacial durante muchos años y que marcó profundamente a los amantes de la astronáutica.

Algo más de un cuarto de siglo después del trágico accidente del transbordador y cuando para muchos tan sólo es un recuerdo lejano y borroso de humo blanco en el cielo, a quienes hoy hemos conocido la historia de este terco chaval probablemente se nos dibuje una leve sonrisa en la cara al saber que la Biblioteca de aquellos tiempos en Lake City se llama ahora Biblioteca Pública Ronald E. McNair.

La historia de la Biblioteca en Lake City la recordaba su hermano Carl en uno de los fabulosos videos de Story Corps como homenaje a esos 27 años del Challenger.

Javier Peláez


Visto aquí

2 may 2013

Se solicitan…



…más personas que hagan algo por mejorar las cosas y menos que las desaprueben.
Más personas que actúen y menos que hablen.
Más personas que digan "puede hacerse" y menos que digan "no puede hacerse".
Más personas que inspiren confianza a los demás y menos que arrojen un "chorro de agua fría" sobre los que han dado un paso hacia la dirección correcta.
Más personas que se interesen en las cosas y hagan algo para corregirlas y menos que se sienten a un lado sin hacer más que encontrar defectos.
Más personas que señalen lo que es correcto y menos que insistan en machacar lo que es incorrecto.
Más personas que "enciendan una vela" y menos que "maldigan la oscuridad".
Más personas que se dediquen a servir y menos que quieran estar recibiendo.
Más persona que estén dispuestas a tender una mano a quien lo necesita, menos que crean merecerlo todo.
Más personas comprometidas por el bienestar de los que le rodean, menos que busquen su propio bienestar.
Más personas que digan "yo lo hago" y menos que digan "no lo han hecho".
...