Imagine que entra a un bar y le pide al camarero un café. Se
lo sirve, se lo bebe y a la hora de pagar no paga uno, sino dos. Al rato, llega
al local una persona sin recursos y pregunta “¿Hay algún café para mí?”. E
inmediatamente después, está consumiendo esta bebida sin costarle absolutamente
nada.
De origen italiano, ha llegado a España el proyecto
solidario Cafés Pendientes, al que ya se han acogido cerca de 57
establecimientos. “Encontré un artículo que hablaba sobre una tradición napolitana
que consistía en pagar cafés a la gente más necesitada”, comenta Gonzalo
Sapiña, el fundador de la plataforma.
Promovido por un grupo de jóvenes, Cafés Pendientes invita a
realizar una acción sin ánimo de lucro y basada en la confianza. Los establecimientos
que deseen participar en el proyecto tendrán que imprimir un distintivo que
identifique que se adhieren en la campaña. Aunque para hacerlo no hace falta
ponerse en contacto con la web creada expresamente para la iniciativa, el
creador aconseja hacerlo para incorporarlos al mapa que está creando de todos
los negocios participantes.
Según Sapiña, en la actualidad, esta costumbre italiana se
ha exportado fuera del país y gracias a las redes sociales, #CafésPendientes se
está extendiendo por todo el mundo. México, Colombia, Argentina y Panamá son
algunos de los países que están impulsando la idea.
“Sin la ayuda de los dueños, todo esto no sería posible”,
afirma. Reconoce que mucha gente pregunta si los propietarios se quedarán con
el dinero extra de la recaudación, pero afirma que el local que se adhiere a la
iniciativa es porque realmente está sensibilizado con la causa.
Como por ejemplo Bobber Café, en A Coruña. Su dueño, Roberto
García, comenta a infoLibre que en los dos días que lleva adherido al proyecto,
ha conseguido 43 cafés pendientes. Sin embargo, y a pesar de colgar carteles
por la cafetería e imprimir folletos publicitándolos, nadie ha preguntado por
estas consumiciones. El hostelero considera que no se atreven a reclamarlas por
vergüenza, pero no ceja en su empeño y les anima a pedirlos sin apuro y sin que
tengan la sensación de que están mendigando, ya que están pagadas.
No sólo ofrecen cafés
El proyecto se está ampliando a otro tipo de consumiciones.
Aquellas personas sin recursos que lo deseen, pueden ir acumulándolas y
cambiarlas por otro tipo de bebidas o por alguna comida, “ya que el importe
pagado sería equivalente”, explica su fundador.
A pesar de vivir en época de crisis, la gente sigue apoyando
las causas solidarias. Como explica Gonzalo Sapiña, esta idea tiene múltiples
beneficiarios: la persona necesitada no paga nada por la bebida y el dueño del
local que, al apoyar este tipo de causas, adquiere un valor añadido y una buena
imagen entre sus clientes, que valoran este tipo de actos y prefieren ir a un
establecimiento solidario, donde ayudan a los más necesitados y no juzgan sus
circunstancias.
Una tradición de
origen napolitano
Bajo el nombre de caffé sospeso, este proyecto surgió en la
ciudad italiana de Nápoles. El escritor Luciano De Crescenzo explicaba al
Corriere della Sera esta particular iniciativa: “Cuando un napolitano está
feliz por cualquier razón, en lugar de pagar sólo un café, paga dos, uno para
él y otro para el cliente que venga más tarde. Es como que si ofreciera una
taza de café al resto del mundo”.
Sin embargo, este hábito ha ido progresivamente
desapareciendo desde 2008, como reconocieron varios camareros y el propio De
Crescenzo al diario italiano. Con el inicio de la crisis económica, los
receptores de la idea han aumentado, mientras que los que pagan el café casi se
han extinguido.
Para impulsar de nuevo este gesto solidario, nació en 2010
la Rete del Caffé Sospeso, una red cultural que dedica, entre sus muchas
iniciativas, a repartir desayunos cada 10 de diciembre (Día Internacional de
los Derechos Humanos).
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